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Basquiat sobre el Boxeo: La Inspiración de un Pugilista de Arte Moderno

Fightland Blog

Por Sarah Kurchak

Corona por Basquiat

Cerca del inicio del documental de Tamra Davis sobre Jean-Michel Basquiat: Radiant Child, el cineasta Michael Holman cuenta una historia sobre pasar el tiempo con el brillante artista en Nueva York a principios de los años 80.

“Recuerdo una ocasión, pasando por una inauguración de una galería. Fue una inauguración de Schnabel”, lo recuerda. “Y Julian era una gran estrella, un consentido del mundo del arte. Era elogiado por la prensa. Él era el hombre central en Mr. Chow’s y Jean, nunca olvidaré lo que Jean dijo, ‘algún día voy a boxear con ese tipo’”.

Esto fue más que un comentario vago por parte de Basquiat. Como su ex asistente, Stephen Torton, explicó más adelante en el filme, “convirtió el mundo del arte en uno deportivo, como el tenis, donde tienes tus rankings, ya sabes, como el box, todas esas metáforas con los deportes. No tenía reparo sobre ser ambicioso. Estaba ansioso por ser el número uno y estaba muy preocupado en que cuando no era el número uno, estuviera subiendo la escalera”.

Cuando Basquiat y Holman estaban pasando por esa galería, el pintor Julian Schnabel era definitivamente uno de los campeones del mundo del arte moderno. Los críticos lo aclamaban, tenía éxito comercial, y la envidia de sus colegas. Tampoco le faltaba confianza en sí mismo y era famoso por declarar cosas como, “soy lo más parecido a Picasso que verás en esta pinche vida”.

Basquiat había estado dominando su arte—tanto como la fuerza conductora entre la innovadora etiqueta de grafiti SAMO (“same old shit”  o “la misma mierda de siempre”, por sus siglas en inglés) y un pintor neo-expresionista—con una ética de boxeador, meticulosamente practicando su técnica, estudiando, y aprendiendo de aquellos que llegaron antes que él. También tenía la audacia de un peleador, como lo demostró de manera más notoria el momento en el que se acercó a Andy Warhol y exitosamente le vendió algunas de sus postales al ícono del pop. También estaba, probablemente, más cerca de ser la segunda llegada de Picasso que nadie que hayamos visto en nuestra pinche vida. Definitivamente se ganó su oportunidad de retar a Schnabel.

Cuando Schnabel apareció en el programa de Basquiat en la galería de Annina Nosei en Soho en 1982, el eterno fanático del boxeo emitió un reto semi-formal.

“Un día llegó a la galería de Annina, y le pregunté si quería hacer sparring”, Basquiat le dijo a la revista de Warhol, Interview Magazine, el año siguiente. “Pensé que incluso si perdía, no habría manera de que me viera mal”.

Schnabel no aceptó la oferta, pero lo mencionaba ocasionalmente luego de que los dos artistas se volvieran amigos, especialmente cuando Basquiat lo molestaba. “Era muy competitivo”, dijo en The Radiant Child. “Un día en Mr. Chow, me dijo algo, y por supuesto siempre hablaba de que tendríamos un combate de boxeo. Le dije, “sabes que vas a tener ese combate de box que siempre has esperado si no te calmas”.

Cassius Clay y Jack Johnson por Basquiat

Más allá de la ética de trabajo y el corazón, el boxeo también influenció el contenido del arte mismo de Basquiat.

“Además de supuestamente ser un gran fanático del box, ciertamente compartía muchas características que parecían de un peleador, así que no es sorprendente que idolatrara y se sintiera conectado a muchos de los más grandes pugilistas que el deporte haya conocido”, Joseph Bourelly de The Examiner escribió en su ensayo de 2011 donde explora las similitudes entre Basquiat y los famosos sujetos de sus retratos de box.

Basquiat estaba particularmente interesado en famosos atletas de color, y como afroamericano en el apabullante mundo de blancos del arte en los años 80 (incluso los artistas blancos que gustaban de Basquiat ocasionalmente elogiaban su arte como “primitivo”) sintió una particular afinidad con boxeadores como Jack Johnson, Cassius Clay y “Sugar” Ray Leonard, “Jersey” Joe Wolcott y Joe Louis, todos a los cuales pintó.

(Boxeador) Sin Nombre por Basquiat

Sin embargo, el trabajo más famoso relacionado con el boxeo del artista fue “(Boxeador) Sin Nombre”, un retrato de 1982 de un boxeador anónimo que levanta sus brazos en señal de triunfo. Cuando el antiguo dueño de la pintura—Lars Ulrich de Metallica—puso “Boxeador” a la venta en 2008, la casa de subastas Christies incluyó un acercamiento más a fondo de la conexión de Basquiat con el deporte en sus notas sobre el lote:

“Las pinturas de boxeadores de Jean-Michel Basquiat se encuentran entre sus sujetos más cargados personal y políticamente. En la figura del boxeador afroamericano, Basquiat encontró un ícono seductor de poder independiente, un héroe para la era moderna, un campeón atlético que logra triunfar en un mundo donde las probabilidades estaban firmemente apiladas en su contra en la forma de prejuicios raciales firmemente establecidos. Esta era una heroica figura con la que Basquiat se identificaba, como un hombre poseído por el poderoso talento artístico, de herencia haitiana y puertorriqueña, enfrentándose al mundo predominantemente blanco del arte. La monumental pintura “(Boxeador) Sin Nombre” es una de las imágenes más poderosas de un boxeador de Basquiat, un campeón de proporciones épicas, y un autorretrato metafórico de Basquiat como un peleador desafiante. Pintada en 1982, el año en que Basquiat alcanzó el cénit de su poder como joven pintor a la edad de 22 años, el trabajo representa al artista en su forma más ambiciosa. Recordando ese año, Basquiat remarcó, casi de la manera en que un peleador promociona sus proezas, ‘hice la mejor pintura de todos los tiempos’ (citado en el artículo de C. McGuigan, ‘New Art, New Money’, en la revista The New York Times Magazine, el 10 de febrero de 1985)”.

En el otoño de 1985, Basquiat emitió un último reto a su colega artista: el antiguo benefactor de sus postales, Andy Warhol. El par se había vuelto cercano con el paso de los años, tanto como amigos como contemporáneos, una sociedad que culminó en una galería en Nueva York en octubre de ese año.

Warhol recientemente había comenzado a entrenar box con un instructor, y Basquiat entrenaba con él ocasionalmente, así que el joven artista sugirió que se pusieran los guantes para promocionar el evento. Aunque ambos se divirtieron juntos, había un significado más profundo en las fotografías.

Como lo explica Christie: “Incluso cuando había conseguido un impresionante nivel de éxito, Basquiat continuó intensamente atento del desequilibrio de poder en el mundo del arte en el que había triunfado, en el que los comerciantes blancos y los coleccionistas tenían el poder. Se vio a sí mismo en este mundo como un desafiante guerrero que se había levantado de las calles a través de su auténtica tenacidad y talento, un rol que interpretaba de una manera explícita pero graciosa en las fotografías donde posó como peleador con Andy Warhol para promocionar la colaboración artística de estos campeones del mundo del arte”.

Desafortunadamente, el evento no fue bien recibido por los críticos o por la escena local, y los efectos de ese evento ocasionaron una ruptura entre ambos hombres que duró el resto de la vida de Andy Warhol. Basquiat nunca fue el mismo luego de la muerte de su amigo en febrero de 1987, y sólo se sumó a su frustración con la fama y con su dependencia a las drogas.

“Al final, hacer arte, como el box, es un deporte individual”, escribió Shaun Randol en El Arte del Boxeo: Basquiat. “Uno de los héroes de Basquiat—Joe Louis—terminó su vida en la ruina, con deterioro mental y adicción a las drogas. Basquiat peleó contra sus demonios, falleciendo a causa de una sobredosis de droga a la edad de 27 años. “(Boxeador) Sin Título” presenta un boxeador con sus guantes en el aire, tal vez en un momento de triunfo. Al elevar los brazos, sin embargo, también presenta un momento de vulnerabilidad, incluso rendición”.

Como es el caso de muchos pintores, Basquiat logró más fama luego de su muerte. Y cuando Julian Schnabel dirigió Basquiat, un filme sobre su rival de una ocasión en 1996, fue evidente que el finado pintor pugilista era el verdadero campeón de peso completo de la escena de arte moderno.

Cuando le preguntaron sobre el reto de nuevo en 2010, Schnabel dijo, “él quería subirse al ring, para competir. Quería estar en la cima de la montaña”.

A casi 27 años de su prematura muerte, evidentemente es candidato a ser el más grande de todos los tiempos.

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