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Cortes de Peso, Pesajes y Careos

Fightland Blog

Por Djatmiko Waluyo

Fotografías por Djatmiko Waluyo.

Será difícil que la atención se desvíe del combate entre José Aldo y Conor McGregor, y la ceremonia del pesaje sirvió como un especia de pre-cúspide del encuentro. Se oficializó la pelea, ambos acertando sobre la báscula dando el peso exacto de la categoría peso pluma, en la que el ganador unificará el título. Dar el peso, cortar esos últimos kilos, sentir la presión de la pelea acercarse y enfrentarla mientras se pasa por una dieta estricta y un proceso de deshidratación—se ha dicho múltiples veces—resulta ser la parte más complicada. La prueba mental se da a lo largo de todo el campamento de entrenamiento, pero el corte de peso es una prueba única. El cuerpo ya no quiere más, y la mente tampoco, pero de una manera u otra, los peleadores están hechos para pelear, incluso contra el cuerpo mismo, contra la mente misma. Resistes, sigues adelante, y llegas a la meta. Con la mente nublada, de mal humor, energía limitada, de alguna manera cada peleador aparece sobre el escenario con un entusiasmo renovado. Tal vez el saber que ya pasó, que viene el pesaje y de inmediato esos sorbos de líquido para iniciar el proceso de recuperación. Aún así, ahí se está, fuerte, duro, frunciendo, esperando el careo, y sin importar lo que siente el cuerpo y la mente—un cansancio y un agotamiento duro—la prueba está de frente, se da el careo, y con la mirada fija cada quien resalta su propio personalidad, gritos, agresión, sonrisas, respeto, tranquilidad, etcétera.

La ceremonia de pesaje para UFC 194 por fin se llevó a cabo. Por fin, lo digo, porque han sido dos anteriores de manera consecutivas con el mismo proceso, mismos protocolos, y dando inicio a cada uno de los tres eventos consecutivos que se organizaron para esta semana histórica de UFC.

El ambiente era particular para este tercer pesaje. Sin duda es el evento estelar de los tres, y era lógico que llegaría más gente, se sentiría la emoción y anticipación de unas peleas estelares impresionantes. Por supuesto que la migración temporal irlandesa se sentía, y se enfocaba por completo en la aparición de Conor McGregor, representando a cada uno de ellos, y el gran campeón invicto en los últimos diez años José Aldo. El primero en salir fue McGregor. Sonriente, embanderado, y claramente recibiendo la mayores porras, los gritos más fuertes y el apoyo general. Pero McGregor también lucia extremadamente desgastado, con los pómulos pronunciados como nunca, más pálido de lo normal, pero parecía alimentarse de la energía que le brindaba la multitud. Pisando la báscula y dando exactamente las 145 libras, se mantuvo ahí, hizo sus gestos de siempre, flexionó, pero su mirada pasaba de un extremo al otro, fija, o tal vez al vacío, como si se llenara de la energía que le brindaban, una que le hacía mucha falta tras esos últimos gramos perdidos para para dar el peso. McGregor ya ha mencionado en ocasiones anteriores que buscará carrera como peso ligero después de esta pelea. No lo culparíamos, y seguramente muchos lo aplaudirían más de lo que se le aplaude a la figura de McGregor.

Los cortes de peso son brutales, y con la prohibición de la intravenosa para el proceso de rehidratación parece que poco a poco empezarán los peleadores a subir de categoría, así como Benson Henderson y Jorge Masvidal lo han hecho.

José Aldo se ha considerado como un peso pluma de tamaño considerable, y su corte de peso ha sido uno difícil a lo largo de su carrera. Fue uno de los pocos peleadores que se atrevieron a alzar la voz para expresar su disgusto por la prohibición del uso de la intravenosa. Sin embargo, José Aldo se ha caracterizad por salir a sus pelas cabizbajo, sin muchas palabras, declaraciones mínimas, y una humildad con la que creció reflejándose hasta en su mayor éxito y sus glorias más pronunciadas. Dentro de la jaula se convierte en una máquina implacable, indestructible y completamente feroz. Ante las incesantes provocaciones de McGregor, sin embargo, ha despertado un Aldo distinto, uno que responde, aunque para esta segunda vuelta promocional hacia UFC 194 ha lucido más sereno.

Se provocaron en el careo, Aldo adoptando una guardia jamás visto antes y McGregor amagando como si le quisiera dar una patada en mero escenario, un día antes de que chocaran guantes de manera oficial.

¿Qué sería sin el corte de peso? ¿Qué pasaría si se tuvieran que dar el peso los peleadores el mismo día de la competencia, incluso instantes antes de salir a pelear?

Seguramente la gran mayoría subiría de categoría, decidiría que no valdría la pena cortar, aunque sí mantenerse en la mejor forma física posible, una dieta estricta, un condicionamiento duro. Bajó el radar quedó también registrada la muerte de Yang Jiang Bing, el peleador chino de peso mosca, que pasaba por ese tortuoso proceso de corte y pesaje un día antes de la cartelera de UFC 194. Bing, de 21 años de edad, tenía programado aparecer en One Championship 35, pero ante una extrema deshidratación se canceló su participación, terminó hospitalizado, y el 11 de diciembre de 2015, a las 12:06 pm, se registró su fallecimiento en un hospital San Juan de Dios en las Filipinas, debido a una falla cardiopulmonar.

De igual manera, la perspectiva de los cortes de peso seguirán polémicos, algunos ignorando los peligros, otros lamentando los accidentes pero asegurando que los procedimientos adecuados con supervisión médica adecuada evitaría cualquier situación parecida y con peor resultado como el de Bing.

Chris Weidman mencionó estar en la mejor condición física de su carrera. A varios días del pesaje ya estaba en 190 libras, tan sólo un par de kilos del límite de peso. Weidman también es considerado uno de los peleadores físicamente más imponentes en su división, pero incluso con su marco corporal se pueden tomar medidas necesarias para evitar los cortes extremos. Por el otro lado estaba Luke Rockhold, otro de los peleadores más grandes de la división peso mediano, caracterizado por esa gran estatura y alcance ventajosa sobre prácticamente toda la división. Si lucía marcado y esbelto en los entrenamientos abiertos el día anterior, su aparición sobre el escenario para el pesaje demostraba un Rockhold aún más delgado. Sus músculos se delineaban detalladamente, cada fibra alargada y trabajada.

Se enfrentaron, y tal como lo han hecho a lo largo de las últimas semanas, Weidman y Rockhold intercambiaron palabras y sonrisas. Las palabras con las que cada uno asegura que es realmente el mejor peleador, el reto jamás antes encontrado por parte de su contrario, y las sonrisas que figuran la confianza detrás de sus palabras y la burla discreta de su rival.

Es cierto que hay un cálculo preciso de los cortes de peso, pero no dejan de ser un tema controversial, y una práctica complicada, tanto en lo mental como en lo físico. De cualquier manera, UFC 194 se oficializó con la ceremonia del pesaje. Todos los peleadores dieron el peso, todos comenzaron a tomar sorbos de sus líquidos rehidratantes en el instante que bajaran de la báscula, y todos estarán presentes el sábado en la noche para una de las carteleras más anticipadas en los últimos años. Por fin se enfrentarán el brasileño Ronaldo “Jacaré” Souza y el cubano Yoel Romero, ambos entendidos como dos de los mayores exponentes de lucha y grappling, y un encuentro en el que el ganador seguramente enfrentará el ganador entre Weidman y Rockhold. Otro par de impresionantes luchadores y exponentes del jiu-jitsu brasileño es el que conforman los inexpresivos Demian Maia y Gunna Nelson, encapsulando el respeto sin palabras y con una mirada serena, llena de tranquilidad intensa. Max Holloway y Jeremy Stephens se presentarán como dos pesos plumas explosivos, completos, prometedores por su juventud pero ya listos para los mayores retos.

UFC 194, aunque cargada con esa descripción que escuchamos cada año, la de ser el evento más esperado del mismo, de verdad que tendrá una cartelera completamente estelar, de principio a fin, con todo y drama entre peleadores, durísimos cortes de peso para esculpir sus trabajados cuerpos aún más, desafiando los riesgos de los extremos, y confirmando que cada uno mantiene la esencia de guerrero, enfrentando el reto con la mirada fija durante el careo, sacudiéndose los cuestionamientos que la mente hace y asegurando una noche más y otro paso más en el camino.

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