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Las Nuevas Generaciones de Nuevo León Luchando

Fightland Blog

Por Djatmiko Waluyo

Fotografía vía Djatmiko Waluyo.

Cruzo el patio principal del Centro Comunitario Monte Kristal donde está un grupo pequeño de personas de la tercera edad haciendo manualidades, y después paso por un pasillo para llegar a un salón grande en el que resuena música de alto ritmo al que un grupo de señoras sigue paso tras paso, guiadas por la instructora de lo que asumo es una clase de zumba. En el fondo ya se escuchan algunos gritos y veo en la esquina una colchoneta de lucha recibiendo las caídas de varios adolescentes, algunos en sus botargas rojas con las palabras “Nuevo León” impreso en la espalda.

En el centro comunitario en la colonia Cerro de la Silla en Juárez, Nuevo León, en las afueras de la capital estatal, Monterrey, Luis López llega día tras día a las colchonetas, y trabaja en uno de sus objetivos generales: “Sacar a los niños de las calles y las drogas”. Es con ese noble objetivo que ha sacado de sus colchonetas a figuras como Erik “Goyito” Pérez, o Juan Ángel Escobar.

“Es un ciclo de vida. A mí la lucha me sacó de las calles también”, me dice Luis López, entrenador de lucha de la selección de Nuevo León y varios peleador de MMA en la región, quien como competidor tuvo varias apariciones internacionales en la selección nacional. “Lo digo sin ninguna vergüenza, al contrario, es un orgullo que conocí la lucha, la disciplina, la entrega y el trabajo. Eso me permitió ser mejor persona. No con eso puedo decir que haya borrado todo mi pasado. Lo tengo para mejorar.

“Con los chicos que estamos trabajando es en zonas conflictivas, de tolerancia, o ‘calientes’ como se les dice aquí. Llega un momento donde [los chicos] se ganan el respeto de los que los rodean, no con un arma, ni con drogas, sino con entrenamiento, dedicación, esfuerzo, o con una medalla. La medalla a lo mejor no vale dinero. No es un deporte profesional que te paga. La medalla es simbólico, y representa tus sacrificios, tu sudor, tu sangre, y esfuerzo. Tiene un valor de trabajo y respeto. Ese es un sentimiento del corazón que no se compra con el dinero.

El trabajo duro y sacrificio no son cosas ajenas a Luis que inició su carrera como entrenador dando clases a un grupo de niños sobre el pasto y la tierra. En la búsqueda de más luchadores, un conocido lo orientó hacia unos hermanos bravos y fornidos. Entre los hermanos estaba “Goyito” Pérez, actual peleador del UFC en la categoría peso gallo.

“Cuando se comenzó la lucha aquí yo recuerdo que trabajamos en el zacate”, menciona Goyito sobre la forma en la que el grupo se ganó el nombre de “los niños de lodo”. Observando el entrenamiento de la tarde, reconoce a varios de esos mismos niños. “Ya están más grandes que yo (risas). [Luis López] es alguien que admiro mucho y respeto bastante por cómo saca a los chavitos para hacer una vida nueva”.

Con Goyito a su lado y alejando a Juan Ángel Escobar de las calles hasta convertirse en medallista panamericano, Luis los señala como deportistas destacados que ha sacado adelante, pero sus máximos logros son otros.

“Te puedo decir de Escobar o Goyo, de personas que han figurado mucho, pero a lo mejor son esos que no están en la historia, o que no salen en la tele, que son los importantes en mencionar.

“Yo tenía un chico que antes iba a la casa y me lavaba el carro; y yo siempre lo veía todo sucio. Realmente me lavaba el carro nada más para conseguir drogas, y me di cuenta que así no le ayudaba. Me lo llevé a entrenar y empezó a trabajar. Fue un medallista de bronce. No fue un luchador excelente, ni pasó a la historia como luchador, pero pasaron como cinco años y me tocó la puerta. Llegó a mi casa con una camioneta súper lujosa; y pensé, ‘¿dónde se metió éste ahora?’. Y me dijo: ‘Profe, usted me dijo que me metiera a la Conalep a estudiar control de calidad y sí lo acabé. Yo vengo a agradecerle mucho, y estoy trabajando en John Deer. Soy director de control de calidad. Tengo dos años ahí y me acaban de ascender. Hasta ahora que me ascendieron vine a visitarlo a darle las gracias’. Eso es uno de mis máximos logros”, contó Luis, agregando que “el día de mañana que me encuentro a esos niños en conflicto y problemas, de drogas, y pandillas, y me los encuentro como personas sanas socialmente hablando, esos son los máximos logros”.

En búsqueda de seguir su sueño, Goyo partió a los Estados Unidos, y Luis continuó trabajando con sus grupos en Guadalupe, y Juárez, Nuevo León. Las dificultades surgían, pero ambos lo recuerdan entre sonrisas y carcajadas.

“Ha sido una experiencia enorme. Cuando [Goyo] se fue, cuando estuvo batallando allá. Habían momentos en el que no tenía comida y se comunicaba con nosotros diciendo que ya se iba a regresar. Y yo lo decía, ‘aguántese’, y me decía, ‘es que no tengo feria’. Y tuvo que trabajar en la obra, entrenar en la tarde. Toda esa historia nosotros la compartimos. Nosotros paralelamente también estábamos aquí bien jodidos. Nos habíamos salido de Guadalupe. Empezamos a trabajar aquí con un sueldo muy bajo. Pero somos luchadores y jamás te vas a rendir. Hay que ir para adelante y estábamos paralelamente igual: empinados de feria. Eran momentos difíciles de la vida, pero son pruebas de Dios, y es como lo tomábamos y nos motivábamos. Llegó el momento de Inglaterra (las pelas de Pérez en BAMMA), vino Texas, Shark Fights, otras oportunidades. Empezó a crecer y crecer y cuando vino el contrato [del UFC], y me habló con la noticia (risas). Y le dije, ‘pues esto apenas empieza’.

“Nosotros paralelamente crecimos aquí, fui el director de los centros comunitarios, este año fui el director de todo Nuevo León de la lucha, y así, la vida da vueltas. Qué te puedo decir, a lo mejor mañana me toca dar clases otra vez en el lodo, y no me voy a rajar. De eso se trata”, afirma Luis con una voz determinada. “Este hombre (Goyito) tiene que regresar de allá a casa con el cinturón, como sea. Y yo voy a ir a los juegos olímpicos con uno de ellos, o dos, o tres, o cuatro. Está bien trazada la meta, y estamos trabajando en ello. Esa es la diferencia, que estamos enfocados en ello”.

“Nada es imposible”, agrega Goyo.

Entre la conversación, Luis voltea y le grita a sus muchachos, que suban la soga, que trabajen con la barra, que hagan sus puentes, sin brincarse las repeticiones. Su pasión es evidente, y es ésta la que le da esa satisfacción y felicidad.

“Busca el propósito de tu vida, lo que te gusta hacer, música, poeta, loco, peleador, empleado de lo que sea, no sé, pero sé el mejor en lo que haces. Cuando encuentras lo que te gusta, y disfrutas hacer lo que haces, encuentras el propósito de tu vida. Entonces ya dejaste de trabajar, ya lo haces por naturaleza. ¿Tú crees que es trabajo lo que hacemos? Nos gusta hacerlo.

“Podemos hablar de la violencia y todos los problemas de México, y no acabaríamos. Pero mejor por qué no nos enfocamos en una estrella, en un destello, en algo positivo, en una luz, un camino, una buena energía, en nuestros chavos, porque muchos de ellos ya están bien tostados, bien perdidos. Tratar de ayudar a esa gente y las nuevas generaciones. Jalarlos y mostrarles que hay una muestra de que sí se puede, una muestra de actitud y carácter, corazón… de huevos. Es la realidad. No es solamente ser bien valiente porque tengo un arma o conectes, esa onda, ese camino, te lleva a la muerte.

“Si lo publicas se lo digo a todo el mundo,” me subrayó Luis. “Es la realidad. Todos conocemos el final de ese camino. Te invito al otro camino”. Y dándole una palmada a Goyito, remata: “Mira dónde llega el otro camino (risas)”.

Después de convivir y compartir alguna técnica y experiencia con los muchachos, Goyo agrega: “Yo les digo que hagan lo que les gusta. Yo quería hacer algo y lo hice sin importar que me dijeran vagabundo, que me dijeran que no servía de nada. Yo siento que si quieres ser feliz y salir adelante, tienes que escuchar tu corazón, y a donde quiera llegar tu corazón, ahí es donde vas a tener éxito. No siempre es seguir la línea de todos, lo que todos quieren que hagas”.

“Yo también crecí en las calles como Goyo,” continúa Luis, manteniendo fijo en su mente ese objetivo principal de sacar adelante a las nuevas generaciones. “En los 90 viajamos para muchos lados, el DF, Guadalajara, y yo conocí otro movimiento no tan hippie, sino más punk. La hermandad y unidad en los movimientos underground, alternativos. En aquel tiempo la gente estaba más canalizada en ideologías, y habían diferentes formas de expresarlo. Había más diversidad cultural. Y ahorita la juventud está más perdida. Están con el Facebook y todas esas tonterías [en el celular y computadoras], basura en la televisión. Todo eso es chicle para la mente, tiene a los chicos captados, y lo que les des, les inyectes, es lo que van a ser. Estamos en una sociedad muy manipulada. Yo les aconsejo que borren todo eso, quítenselo de encima y escucha tu corazón, ese propósito de tu vida”.

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