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Las Mujeres Boxeadoras están Rompiendo Barreras en Perú

Fightland Blog

Por Nick Wong


Fotografías por Nick Wong

Como mujer, la decisión de convertirse en boxeadora no es fácil. En primer lugar, no es fácil para nadie convertirse en boxeador, ya que las demandas físicas y emocionales del deporte son altas. En segundo, cuando las normas sociales no se emocionan porque las mujeres peleen, esa entrada se vuelve aún más difícil. Pero en Perú, eso parece haber un esfuerzo real desde todos los rincones de la sociedad para impulsar al otro sexo en el deporte, y en su mayoría, parece estar funcionando.

Hace cinco años, una enorme diferencia que noté en la escena del boxeo en Perú fue el excesivo número de mujeres entrenando en los gimnasios. Eso no quiere decir que las mujeres no tengan lugar en el deporte, solo que la mayoría de los gimnasios a los que había viajado en ese entonces, había encontrado una, o si acaso dos mujeres que entrenaban como competidoras serias. Pero entonces en Perú había un número notable de mujeres golpeando los costales y poniéndose los guantes para subirse al ring. Adelantémonos cinco años y hay muchas más mujeres presentes, y parece que tanto la técnica como la dedicación han avanzado también.

Entro al gimnasio principal de Lima en medio de los sonidos de alguien explotando combinaciones de izquierda-derecha contra las manoplas que sonaban como cañonazos. Detrás de los guantes está una mujer joven con una coleta de caballo y una mirada determinada grabada en su rostro. En el ring un hombre y una mujer están en el medio de una sesión de sparring, ambos intercambiando golpes sin preocupación. Abajo del ring se encuentran dos mujeres empapadas de sudor desenvolviendo las vendas de sus manos, platicando mientras terminaban su sesión. Me deslicé cerca y les pregunté sobre su experiencia.

“Mucha gente cree que porque somos boxeadoras somos lesbianas o machonas”, dijo Lucero Anita Angaspilco, una competidora de 17 años en el gimnasio de boxeo nacional en Lima. “Pero no, nos gusta el box porque es feroz. Para ser alguien en el box, necesitas ser fuerte”.

Su compañera de entrenamiento, Fiorela Giovana Goicochea está de pie junto a nosotros asintiendo con la cabeza. Goicochea es una compañera competidora que también entrena con seriedad en el deporte y me dice acerca de los beneficios que ha encontrado desde que comenzó.

“Tenemos una rutina, tenemos nuestro ritmo y estamos más sanas”, dice Goicochea. “El box me está llevando por buen camino. Si no estuviera en el box, probablemente me sentaría en casa sin hacer nada”.

Salud, concentración, disciplina y propósito—las razones para unirse son similares, si no es que iguales, a las que he escuchado de boxeadores masculinos durante mis viajes. Desde que la inclusión del boxeo femenil en los Juegos Olímpicos de Londres,  ha habido un incremento en la participación mundial de las mujeres en el deporte, aunque en Perú estaba creciendo mucho antes del 2012. Una gran parte de esa tendencia es debido a la influencia de Kina Malpartida, la primer campeona mundial de cualquier genero que ha surgido del país. Ganando el título de peso pluma femenil del WBA ante Marueen Shea en el 2009, Malpartida se convirtió en súper estrella de manera instantánea, apareciendo a lo largo de la nación en programas de televisión y un gran número de publicidades para varios productos, desde suplementos nutricionales, productos de belleza  hasta papas fritas. Malpartida comunicó una imagen diferente de las mujeres que tradicionalmente eran representadas en el panorama de los medios peruanos—uno de fuerza y auto-confianza, en gran parte hecho en una manera no sexual. Este mensaje rápido llamó la atención de una nueva generación de mujeres en el país.

“Kina fue una inspiración para nosotras. Sentí que ella era un ejemplo, como si todo fuera posible”,  dice Angaspilco sobre la influencia de Malpartida en su decisión de unirse a un deporte tradicionalmente dominado por los hombres.

“Kina dijo que las mujeres pertenecían en el boxeo también, que somos fuertes”, añadió Goicochea.

Tanto Goicochea como Angaspilco son una parte importante del equipo seleccionado nacional, compuesto de los boxeadores más talentosos del país unidos en una locación central para enfocarse seriamente en los entrenamientos y representar al país en torneos internacionales. Esta práctica es común en todos los países con equipos de box participando en la escena amateur mundial y participar como boxeador a menudo trae muchos beneficios fuera del ring, como becas académicas, seguro médico, hospedaje y comida, así como la oportunidad de viajar. Dado que muchos boxeadores vienen de comienzos muy humildes, esta oportunidad de aprender y viajar más de lo que lo harían si no fuera por el deporte.

Una boxeadora, la chica de 21 años, Lucia Valdivia Bravo, me contó de su experiencia en un intercambio de box que tomó lugar en Cuba, donde tuvo la oportunidad de conocer boxeadoras de Estados Unidos, Indonesia y por supuesto, de Cuba. Allí fu expuesta a direfentes lenguajes, culturas y aprendió la diversidad de lugares que no eran el suyo. Lo que dijo que la sorprendió más, fue aprender que Indonesia es hogar de la mayor población musulmana en el mundo, y que no todos en el país eran de piel blanca. En este sentido, formar parte del deporte expande el conocimiento general entre las personas.

Con la influencia de Malpartida y la expansión del box femenil en general, los beneficios se han expandido a las mujeres en el país, y las puertas parece que se han abierto más desde mi última visita. Cuando vine a Perú por primera vez, había solo una mujer en el equipo seleccionado nacional, pero ahora hay seis, con promesas de haber más en un futuro en caso de que la tendencia continúe.

Esa boxeadora en el equipo de hace cinco años es Rocío Gaspar, ahora una condecorada profesional. Con nueve victorias y cero derrotas, ya está siendo consentida como la próxima Kina Malpartida del país, y tiene un gran equipo promocional y de entrenamiento detrás de ella. Cuando veo su récord más de cerca, sin embargo, sus peleas han sido en su mayoría contra competencia no probada, con los récords combinados de sus oponentes llenos con 3 victorias y 29 derrotas. Cuatro de sus peleas han sido contra boxeadoras debutantes. Pero para ser justos, su récord es menos el caso de un equipo de promoción intencionalmente rellenando un récord y más un síntoma de una falta en general de oponentes, un obstáculo recurrente en el boxeo femenil.

Desde su origen, el box femenil ha sido apático en el mejor de los casos. Las razones para ello son muchas. Algunos tradicionalistas, tanto moralistas como del deporte, creen que las mujeres no tienen lugar dentro de un ring de box, y que formar parte en un combate no es apropiado para las mujeres. Otros simplemente no ven a las mujeres como atletas semejantes a  sus contrapartes masculinos y por eso no tienen el deseo de ver un combate entre dos competidoras femeninas. Estos sentimientos encadenan un ciclo de obstáculos para el crecimiento del boxeo femenil: menos interés significa menos dinero, menos dinero significa menos incentivos para las competidoras, menos competidoras significan menos peleas, y menos peleas significan menos interés. Aún así, cuando le menciono esto a Gaspar, ella responde con una optimista vista acerca del horizonte del box femenil.

“No creo que el box siga siendo ‘sólo para hombres’. Ahora hay muchas campeonas buenas. Hay un crecimiento de mujeres boxeadoras en el mercado. En Argentina hay doce campeonas, en Perú hay dos, en Chile actualmente hay una. Ya no puedes decir que el box es sólo para hombres”, dice Gaspar.

Las dos que menciona Gaspar, sin embargo, no incluyen a la famosa Malpartida. Alegando un deseo de perseguir otros proyectos y necesitar la energía física y mental enfocada en otras partes, Malpartida abandonó su trono de peso pluma en enero de este año. Pero a pesar de retirarse del ring, ha seguido siendo una acogedora presencia en el ojo público, más recientemente presentada en un programa de televisión peruano al estilo de “Gladiadores Americanos”, y también lanzó una línea de barras de dulce llamada “Kinazo”. Le pregunto a Gaspar sus comentarios con respecto a la reciente partida del deporte de la ex campeona, y las comparaciones que se hacen entre ella y Malpartida, preguntándole si planea tomar un camino similar.

“Todos tienen sueños que alcanzar. Todos buscan su propia historia, ¿o no?”, me pregunta Gaspar retóricamente, sin juzgar la decisión de Malpartida. “Creo que cuando Kina salió y ganó el campeonato, le dijo a los jóvenes que podían salir y alcanzar sus sueños. No es importante cuanto tiempo tome: eventualmente lo lograremos. Creo que eso es lo que le dijo a los hombres y mujeres del país. Ella es un orgullo de Perú, no sólo para las mujeres”.

Se ha dicho que el deporte es un ecualizador social, y que los identificadores tradicionales de la raza, sexo y clase desaparezcan en la arena. Tal vez más en el mundo de los deportes de combate. Hay algo acerca de las peleas que reduce a una persona hasta el núcleo de su existencia, y supongo que entrenar al lado de esa esencia todo el día reduce todas las barreras que han sido creadas para separarnos. Gaspar repitió sentimientos similares cuando menciono el tópico.

“Cuando entrenamos, todos somos oponentes. No hay diferencia en sexo. Creo que el entrenamiento es igual para todos porque es una cuestión de habilidad”, dice Gaspar. “Y afuera del gimnasio, las personas me tratan como familia, como una compañera”.

Mientras que la respuesta de Gaspar coincide con una visión idealizada sobre la igualdad de género, y yo coincido bastante con su visión dentro del gimnasio, me pregunto qué tanto ha cambiado para ella y las demás mujeres afuera del gimnasio. Cuando tecleas el nombre de Gaspar en cualquier buscador en Internet, aparece una variedad de fotografías de ella posando en guantes de box usando bikinis con estampado de leopardo y pantalones cortos en los resultados. Eso no quiere decir que haya algo malo sobre las mujeres expresando su sexualidad públicamente, o que no tengan el derecho de hacerlo, pero el atuendo es nos hace recordar bastante el “fury-boxing”, que utiliza a las mujeres y las peleas más como una novedad para satisfacer las fantasías de los hombres, que para presentar a las mujeres como contendientes serias. Mientras que Malpartida nunca ha sido sujeto de imágenes similares, también cabe destacar que no ganó notoriedad hasta que ganó un título mundial importante y que los años de desarrollo de su carrera los pasó entrenando entre Australia y Estados Unidos, alegando que Perú no apoyó su carrera. Simplemente me pregunto que diferente será el camino para una boxeadora como Gaspar, y que tanto de esas imágenes pueden sumarse a la despersonalización de las mujeres en la que ya se considera una cultura “machista”.

El escribir un análisis sobre el box femenil siendo hombre no es una hazaña fácil. Mucho del box está arraigado en las más grandes normas culturales y sociales, y la recepción de un boxeador es en última instancia un reflejo de los que se nos ha condicionado como sociedad. Lo mismo va para el análisis de un escritor y las posiciones privilegiadas no intencionales que influyen en sus palabras. Pero lo que puedo concluir con confianza es que el impulso en el box femenil es una señal de progreso. El ascenso de Malpartida y Gaspar en la escalera de la sociedad ha sido realizado a través de medios no tradicionales para una mujer en Perú, y entre más atención y legitimidad traiga una mujer al pelear mejor en el ring, más personas estarán obligadas a replantearse su postura o los roles de género. Supongo que uno podría discutir sobre las diferencias fisiológicas que corresponden a un espacio entre la habilidad para pelear entre hombres y mujeres, y por ende, concluir que las mujeres son peleadoras inferiores, pero diré que considerando las barreras sociales que las mujeres enfrentan incluso para tener más presencia en el box, su voluntad y determinación han probado que son iguales, sino es que mejores.

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