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Los rituales del Guerrero

Fightland Blog

Por Chantal Flores

Fotografía por Scott Hirano/Metamoris.

Un joven de dieciocho años murió. En su funeral, su cuerpo yacía en el féretro con la vestimenta que la familia creyó era la mejor para que se no viera tan muerto y con el maquillaje que cubría los rastros del accidente que lo hizo ver muerto. En su cintura, ahí estaba: azul, largo, con esa mezcla perfecta de rigidez y blandura, atado por la espalda. El guerrero había muerto y su cinturón estaba al revés.

Desde tiempos antiguos, la cultura del guerrero ha estado fuertemente relacionada con supersticiones y actividades paganas con el objetivo de invocar el espíritu que traerá los poderes necesarios para el triunfo. En el mundo contemporáneo, sin embargo, se han perdido ciertas costumbres, pero las artes marciales todavía guardan ciertos rituales y practicas para mantener lo sagrado de estas disciplinas.

En el mundo del box, se han escuchado de varios rituales que realizan los pugilistas antes de pelear. Se dice que Juan Manuel Márquez alguna vez confesó haber tomado su propia orina. Joe Mesi ponía un escapulario dentro de cada calceta, y otros tantos comen la misma comida después del pesaje. Y claro, no puede faltar el famoso paliacate rojo de Julio César Chávez Jr. para espantar los malos espíritus.

A pesar de que las artes marciales se han modernizado, especialmente en el occidente, ir a una batalla o prepararte para pelear sigue siendo una actividad en cierta manera espiritual que para muchos incluye la realización de ciertos ritos. En el jiu-jitsu brasileño, uno de los más comunes es no lavar el cinturón.

Muchos luchadores creen que al lavar la cinta se va a perder el conocimiento adquirido y las técnicas obtenidas a base del sudor y sangre que es inevitable que no queden almacenadas en el textil del gi. No sorprende que en este mundo bacteriofóbico, exista una preocupación higiénica por dicha creencia. Por lo cual, al preguntarle a algunos compañeros jiu-jitseros, la mayoría negaba ésta practica y unos cuantos confesaban que sólo lo hacían al acercarse un torneo.

Algo que queda claro es que limpio o sucio, el cinturón guarda más que rangos y sabiduría. Seas o no creyente o supersticioso, sigue siendo un símbolo de honradez y lealtad. Cuando Helio Gracie murió a la edad de 95 años, su hijo Royce pidió una ronda de aplausos durante el entierro y colocó un cinturón negro sobre el ataúd. En el funeral del actor Paul Walker, ávido fan del MMA y practicante de jiu-jitsu, colgaba su cinturón marrón. Como gesto simbólico, recibió el cinturón negro después de su muerte.

Cuando uno de mis maestros de jiu-jitsu me comentó sobre la muerte de uno de sus alumnos hace varios años, la presencia especial del cinturón fue el toque final de un accidente trágico. Cada vez que te amarras el nudo, con precisión y detalle, estás preparando tu mente y cuerpo para la batalla que se avecina. Pero ahora, el nudo permanecía al revés. ¿Acaso es que la batalla ya se había terminado?

Royce Gracie alguna vez dijo: “Un cinturón sólo cubre dos pulgadas de tu trasero. Tú tienes que cubrir el resto”. ¿ Y tú, qué haces? ¿Te cubres el resto o dejas que esas dos pulgadas basten para cubrirte?

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