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Maestro y Alumno: Dos colombianos en TUF Latinoamérica

The Ultimate Experience

Por Felipe González Saavedra

Pensar en la historia de un maestro y su alumno, que luego de varios años de esfuerzo, disciplina y dedicación consiguen un mismo objetivo de manera simultánea, parece más un argumento cinematográfico que una escena de la vida real, en especial si esa relación se ha desarrollado a partir de la práctica de un deporte de combate. En arquitectura, ingeniería, economía, medicina y muchas otras disciplinas es factible que maestro y alumno alcancen un objetivo en común al mismo tiempo, pero parece improbable que lo mismo suceda en los deportes de combate a nivel competitivo, en los que el paso del tiempo es un factor inclemente que no da tregua. Cuando el alumno surge en un escenario, el maestro ya pasó por allí o ya está en otra etapa.

Por eso resulta especial el caso de Fredy “El Profe” Serrano y Alexander “El Rolo” Torres—los dos peleadores colombianos que estarán en The Ultimate Fighter Latinoamérica como integrantes del Team Werdum—cuya participación en esa competencia representa un logro histórico que los ha convertido en los primeros peleadores nacidos en Colombia en estar en la órbita del UFC.

Separados en edad por casi una década, “El Profe” Serrano (34, peso gallo) y “El Rolo” Torres (26, peso pluma) nacieron en Bogotá y crecieron en los barrios República del Canadá y La Victoria, respectivamente, dos zonas humildes que se debaten entre lo rural y lo urbano en los cerros surorientales de la capital colombiana. Allí fue donde ambos descubrieron la pasión por la lucha y forjaron para el resto de su vida su naturaleza humilde, adjetivo que los define según sus propias palabras y con que el de manera recurrente son descritos por sus entrenadores y compañeros de entrenamiento en Octagon MMA y Alliance Jiu Jitsu, los equipos con los que se preparan en Bogotá.

En el caso de “El Profe”, su idilio con la lucha comenzó a los diez años, alrededor de 1990, tanto por iniciativa de su madre como por la falta de recursos, según él mismo recuerda. “Ella siempre quiso que además del estudio yo hiciera algo diferente y que no estuviera por ahí en la calle. Pasé por fútbol, pero en la escuela nos cobraban una mensualidad y en ese tiempo no había mucho dinero. Luego, cuando comencé en taekwondo, me pidieron un kimono y eso también era costoso y por eso difícil de conseguir. Pero cuando entré en lucha me pidieron una pantaloneta vieja y una camiseta. Como ya tenía las dos cosas, allí me quedé”, dice sin rodeos “El Profe”, cuyas orejas comenzaron a transformarse poco después sin que las orejeras o algún tratamiento fueran opción: otra cuestión de presupuesto.

A partir de ese momento, “El Profe” Serrano construyó una carrera brillante como luchador olímpico en la modalidad libre, carrera que se extendió durante 22 años plagados de logros: entre ellos se destacan las medallas de Juegos Panamericanos, de Suramericanos y de Bolivarianos en varias ocasiones, pero su punto cumbre estuvo en el 2008, cuando participó por Colombia en los Juegos Olímpicos de Beijing en la categoría de 55 kilogramos, venciendo a un uzbeko y perdiendo ante un iraní.

Además de competir en el más alto nivel, “El Profe” había alternado su actividad competitiva con el rol de entrenador, un trabajo en el que no tardó demasiado en descubrir a su primer gran alumno: Alexander Torres, “El Rolo”.

“Él comenzó a trabajar conmigo cuando tenía 13 años y era un chico con talento”, dice “El Profe”, que por ese entonces estaba a cargo de un programa de lucha en el Colegio Piloto, donde Alexander estudiaba, en el suroriente de la ciudad. “Era un espacio que se abrió por temas de matoneo”, apunta “El Rolo”, quien confiesa que cuando pasaba por allí le parecía “raro” ver a dos hombres rodando en el piso, “pero un día unos amigos me invitaron, practiqué y me gustó. Además me fue bien”.

Continúa. “En ese tiempo yo era un ‘pelao’ para el cual lo principal era la diversión. Conocí a ‘El Profe’ Serrano y yo no sabía qué era la lucha, ni tampoco qué era estar en nivel de selección Colombia, como él. Yo lo veía bajito y me preguntaba cómo era posible que fuera campeón, pues no sabía que habían categorías de peso. Él me acogió y me abrió las puertas de la lucha, un deporte que además no necesita de muchos implementos. Yo comencé practicando descalzo y él me apoyó desde que inicié. Hoy es uno de mis mejores amigos y es un persona que me ha enseñado mucho en el deporte, pero principalmente mucho en la vida”, reconoce “El Rolo”, quien fue campeón distrital, campeón nacional junior y segundo en el país compitiendo en mayores.

Pasó el tiempo y a los 32 años “El Profe” puso punto final a su carrera como luchador olímpico y a pesar de su edad—que le hizo pensar en tomarse las cosas con más calma para dedicarse de lleno al Club Equipo Serrano, su club de lucha olímpica en el que además entrena su esposa, Sandra Roa, también una condecorada luchadora olímpica aún en actividad—decidió hacer la transición a las MMA.

“Las MMA son la profesionalización de la lucha”, comienza diciendo para explicar su decisión. “En la lucha realmente no ganas mucho dinero, ni tampoco tanto reconocimiento, mientras que las MMA es un deporte muy comercial, es algo que te puede dar una buena calidad de vida. Por eso decidí hacer un esfuerzo más y dedicarme a esto”, sentencia “El Profe”, que eventualmente acercó a las MMA a su alumno, una vez éste regresó de la liga de lucha de las Fuerzas Armadas, experiencia de un año que, entre otras cosas, le dejó el apodo de “El Rolo”, apelativo utilizado en Colombia para referirse a los nacidos en Bogotá.

“Además de la posibilidad de mejorar mi calidad de vida, hice la transición a las MMA motivado por mis padres, porque ellos han trabajado toda la vida y yo debo recompensar eso”, reflexiona “El Rolo”. “Yo no tengo esposa ni tengo hijos y en ocasiones cuando llego a casa veo a mis padres agobiados y cansados por el trabajo. Uno siente el rigor de la vida de ellos y por eso siento que esto es algo que debo hacer para que ellos dejen de trabajar: ellos ya han luchado bastante”, concluye con la mirada extraviada, como vislumbrando el día en que pueda darles esa noticia.

Por todo eso, la oportunidad que los estará mirando desde el otro lado de la jaula en The Ultimate Fighter Latinoamérica es enorme para maestro y alumno, que luego de años trabajando juntos estarán compitiendo y entrenando en el mismo nivel, con el objetivo cumplido de viajar a Estados Unidos y con la ilusión de estar más cerca de un contrato con el UFC. Y allí no hay ninguna duda: no hay nada más cercano para lograr esa meta que una participación en The Ultimate Fighter.

Felipe González Saavedra es colaborador de FIGHTLAND, y lo pueden seguir en Twitter.

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