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Si van a Los Ángeles, deberían de ver esta estatua de boxeador. De verdad.

Fightland Blog

Por Josh Rosenblatt

“Ahora, quien tenga la valentía y un espíritu fuerte y sereno en su pecho, que venga hacia delante, se amarre los guantes y suba las manos”.—Virgil, El Aeneid.

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En 1885, una estatua de 2,000 años fue sacada de la ladera sureña del Monte Quirinal en Roma, en el sitio de los antiguos Baños de Constantina, de un boxeador sentado con la mirada hacia arriba después de una pelea, exhausto y sangriento. El descubrimiento, más grande que la vida real e intacto, fue un milagro de tanto el helénico y la arqueología moderna. Rodolfo Lanciani, un arqueólogo y testigo de la excavación, dijo que en su larga carrera, nunca había sentido “una impresión tan extraordinaria como la que se creó por visión de este magnífico espécimen de un atleta semi-barbárico, saliendo lentamente del suelo, como si despertara de un largo reposo después de su valiente pelea”.

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Por sólo la segunda vez desde que “Púgil en Reposo” fue sacado del suelo hace 130 años, la estatua llegó a los Estados Unidos. Hasta el 1 de noviembre puede ser visto en el Museo Getty en Los Ángeles como parte de una exhibición de esculturas raras helénicas. La primera vez que visitó, en 2013, el Museo de Arte Metropolitano en Nueva York hizo al “Púgil” en la pieza central de su exposición de arte griego y romano. Escribiendo en ese momento para la New York Magazine, Jerry Saltz dijo que “perdió todo balance” cuando vio por primera vez “Púgil en Reposo”, diciendo que “fue como un relámpago”. Saltz agregó: “Mis fronteras psíquicas se rompieron mientras se incrustó instantáneamente en mi museo interior: es una de las más grandes obras de la escultura occidental que he visto. Es una obra maestra de un pathos, profundidad, humanidad y otredad inmensurable; los misterios inexpresivos de material y del yo se fusionan. Yo veo profundidades internas oscuras, algo brutal, siniestro, hermoso, gigantesco, una isla incipiente en sí misma. Un cerro  amasado y golpeado, tipo Minotauro. Fue como si hubiera escuchado algo barbárico aullar”.

El secreto detrás de “Púgil en Reposo” está en el bronce. El periodo helénico, el cual comenzó con la muerte de Alejandro Magno en 323 a.C. y continuó hasta el surgimiento del Imperio Romano en 31 a.C., fue una época de gran innovación artística, impulsado por el uso del bronce, un material con más resistencia a la tracción, efecto de reflejo, y mayor oportunidad para detallar que el mármol que definió la Era Clásica más elogiada del arte griego. Los escultores trabajando en bronce podrían sumergirse en el detalle de la forma humana en maneras que no se podía antes—presentando cabellos despeinado y tendones y venas protuberantes, y capturando las sutilezas de la musculatura humana—permitiéndoles deshacerse de las formas idealizadas de épocas anteriores a favor a retratos más realistas de la emoción, el físico y la expresión humana. La Era Helénica marcó el inicio de una nueva época de autenticidad en el arte, y muchos expertos consideran “Púgil en Reposo” como el ápice.

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“A primera vista, las orejas parecen simplemente hinchadas y sangrientas con lo que es comúnmente descrito como ‘oreja de coliflor’. Pero si observas con más detenimiento, hay una evidencia de un tratamiento quirúrgico recién realizado sobre las hematomas sostenidas en el encuentro del pugilista. … Hay tres incisiones en sus orejas, dos en la derecha y una en la izquierda. Cada incisión es limpia, horizontal y goteando sangre fresca. Esto es enfatizado por el escultor, quien representa estas incisiones y su drenaje sangriento con un mezcla más ligera de cobre. En contraste, las cortadas en su rostro, nariz y frente son irregulares y en distintas direcciones. Cuando estas laceraciones son comparadas a sus oídos, la incisiones limpias y horizontales destacan por ser administradas después de la pelea por una mano habilidosa”. — Dr. Jeffrey M. Levine.

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“Púgil en Reposo” es lo opuesto a la idealización. La perfección de la Era Clásica está muerta y en el pasado. El boxeador está dañado y destrozado y su cuerpo es realista en musculatura y en afecto facial. El artista utilizó incrustaciones de cobre para crear heridas en la cabeza del peleador, numerosos cortes y cicatrices en su cara y su frente, un moretón debajo de su ojo derecho fundido con una mezcla distinta para darle un color más oscuro, labios hundidos, una nariz rota y una oreja de coliflor, y sangre que ha caído de su rostro a su brazo y muslo. El escultor no sólo fue capaz de capturar la humanidad del peleador, sino el espíritu de la pelea en sí: el dolor y el pathos, la emoción y la degradación, la perfección anatómica y el colapso, la contradicción de la vida y la muerte en el corazón de todo peleador.

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Lucilio: “Teniendo tal jarrón, Boxeador, no vayas a la fuente no mires algún agua transparente, pues usted, como Narciso, viendo su rostro claramente, morirá, odiándose a sí mismo”.

J. Paul Getty, quien abrió el Museo Getty en 1954, además de ser un industrialista billonario y un magnate petrolero y patrón de las artes, era un gran fanático del boxeo y un amigo de mucho tiempo del campeón de peso completo Jack Dempsey. Getty tomó clases con Dempsey en la granja del hogar de Getty sobre el Bulevar Wilshire e incluso hizo sparring con él en 1923 en Saratoga Springs, Nueva York, cuando Dempsey estaba entrenando para su pelea de título contra Luis Ángel Firpo. Dempsey describió a Getty como “bien trabajado, combativo por naturaleza, y veloz. Nunca he conocido a alguien con tanta concentración intensa y disposición—tal vez rebasando su bien”.

Dempsey noquearía a Firpo con una derecha corta en el segundo round de su pelea por título ese septiembre.

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Boxeadores de la Antigua Grecia utilizaban correas alrededor de sus nudillos para proteger sus manos, hechas de cuero duro y lana. Empezando en el siglo IV a.C., la era en la que se esculpió “Púgil en Reposo”, los peleadores comenzaron a utilizar guantes con correas de cuero de buey alrededor de los dedos y orillas de pelaje que podían utilizar para limpiar la sangre y el sudor de sus rostros.

Después, durante el periodo del Imperio Romano, cuando las cosas se pusieron serias, los guantes fueron convertidos en armas letales, equipados con metal filoso, placas de hierro y vidrios rotos. Los romanos le llamaban a estos guantes cestuses.

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La única otra cosa que el boxeador está utilizando (un hombre expuesto en una época de autenticidad artística y transparencia emocional) es kynodesme, una pieza pequeña de hilo amarrado alrededor del prepucio del pene. Boxeadores de la Antigua Grecia practicaban abstinencia sexual y auto-control extremo, creyendo que la esperma era una fuente de masculinidad y fuerza, y por lo tanto, no era para ser echada frívolamente.  Los peleadores amarrarían y cubrían sus genitales utilizando el proceso llamado infibulación.

Kynodesme es la palabra griega para correa de perro.

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Desde el descubrimiento de “Púgil en Reposo” el sujeto de la estatua ha sido erróneamente identificada como Kleitomachos, un legendario peleador tebano quien ganó el campeonato de boxeo en los Juegos Olímpicos de 216 y 212 a.C. Aunque el padre de Kleitomachos sí dedicó la estatua a su hijo en Olympia, no es “Púgil en Reposo”.

Además de su proeza de pelea, Kleitomachos también era famoso por su devoción al escepticismo y la abstinencia sexual: La Leyenda del Rey de Kynodesme dice que rechazaba participar en conversaciones sobre el sexo y que hasta volearía la cabeza cuando veía a perros apareando. 

Un hombre buscando la perfección en un arte imperfecto.

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