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UFC Monterrey: Cortando Peso

Fightland Blog

Por Djatmiko Waluyo

Fotografías por Djatmiko Waluyo.

Estaba Héctor Urbina acompañado por Justin Scoggins en el jacuzzi de un gimnasio cuando acompañé a Alejandro “Diablito” Pérez y Gabriel “Moggly” Benítez al sauna. Los mexicanos ya habían terminado una sesión de entrenamiento, seguida por ligero trote y carrera sobre la caminadora cuando cerraban con sauna para seguir sacando líquido del cuerpo y bajar unas libras más antes de cenar un poco e irse a dormir. Entre sesiones me saludó Héctor, quien me preguntó cuántas sesiones de sauna les faltaban. Héctor no quiere estar acompañado, quiere estar solo, no quiere hablar mucho y prefiere esperar a que el sauna esté vació para empezar su propia sesión.

Cuántas veces no hemos escuchado a peleadores decir, declarar y subrayar que el corte de peso es la parte más difícil de la pelea, que es la primera batalla que se debe superar. Es difícil creerles o entenderlo si nunca se ha experimentado un corte de peso. Es la culminación máxima del campamento de entrenamiento, el clímax de los sacrificios entregados, de los golpes resistidos, de las lesiones calladas, de la voz interna cuestionando tus decisiones, tus ganas reales de seguir adelante con un camino que firmemente decidiste tomar hace tiempo, y que se dirige a un duro choque de guantes, un dar y un recibir de puños, patadas y azotes. Entonces poniendo en comparación esos impactos entregados en una pelea de artes marciales mixtas con estar unas horas, tal vez un par de días, corriendo, estando en saunas, en baños con sales, a dietas extremas y pasando por una deshidratación temporal, a veces no se entiende por qué lo describen como lo más difícil.

Cada quien lidia con los detalles de la pelea a su manera, y a cada quien le funciona. No hay receta, sí hay métodos. No hay garantías, pero sí hay formas de estar bajo control. Lo más probable es que el corte de peso siga siendo controversial, con opiniones encontradas sobre los métodos y el acto mismo, pero seguramente también seguirá siendo esencial para los peleadores.

“Moggly” y “Diablito” han estado entrenando juntos desde que entraron a The Ultimate Fighter Latinoamérica. Sus campamentos han ido a la par, y el corte de peso también. Se acompañan en las buenas y en las malas, y el corte de peso de alguna manera es un conjunto de ambas. Ríen, se apoyan y lo hacen lucir bastante sencillo. No lo es, pero mantienen un balance de concentración, enfoque y buen humor a lo largo de estos días complicados.

Monterrey se vistió de UFC esta semana. Como es común en el hotel de los peleadores, los atletas aparecen y desaparecen por todos los pisos, tapados en bultos de ropa, caminando por los pasillos de alguna sesión de entrenamiento a una sesión de fotos a una entrevista a una sesión de corte de peso. La mirada es profunda porque la mente se va por mil caminos en esos días. Y cada día los pómulos incrementan, las delineadas de la mandíbula son más marcadas, los ojos resaltan más, los labios se van secando, la boca se va secando, las fibras musculares y las venas que corren por el cuerpo van resaltando hora tras hora mientras la deshidratación paulatina continúa.

Con Érik Pérez, el “Goyito”, el querido regiomontano regresando a su país, el corte fue distinto. En su caso, no hay sauna en el corte. Hace varias semanas, platicábamos sobre la dieta y su peso. “Goyito” habla de una renovación en él como persona y peleador, y sí, por fuera luce un cambio de campamento, de ciudad, de entrenadores, pero también hay un “Goyito” más maduro que ha pasado por momentos difíciles en este tiempo fuera del octágono, pero sobretodo lo ha superado con determinación y disciplina. Su peso iba a ritmo con una dieta estricta de tres meses.

El camino tomado tenía a “Goyito” con el corte más fácil de su carrera. Seguía comiendo y tomando líquidos incluso el mismo día del pesaje. La revisión médica no tuvo inconveniente. Platicó un poco con Brian Stann y la única sesión de corte fue la que se necesitó para bajar lo debido.

Con vista a la alberca del hotel, los peleadores entraban y salían del sauna, otros se relajaban en la alberca, mientras otros varios seguramente habían acudido a otros gimnasios. Una sesión de cardio y una tapada bastó para que “Goyito” regresara a su cuarto y preparara su máscara y bandera para encender al público mexicano que le esperaba en la Arena Monterrey en el pesaje.

Se debe destacar que no hubo fallas en la ceremonia del pesaje. Todos acertaron sobre la báscula, uno de los momentos climáticos de la semana de la pelea. Subes aún con algo de incertidumbre pero con toda la confianza pues el trabajo está hecho, al igual que la pelea misma, es la primera batalla sin duda. La mirada es intensa, refleja preparación, flexiona con poder, con seguridad, incluso grita y luego sonríe. Hay un gran alivio porque el peso está dado, porque una bebida le sigue, un poco de alimento, pero también hay un oponente en lo mismo, y de pronto la primera batalla se acabó. El enfoque ese el oponente, el careo es público, la pelea se oficializa. La relajación después del pesaje es breve pero muy placentera. Se reúnen los cercanos, el cuerpo se recompone, se recupera, se rehidrata y se alista que en 24 horas entra en batalla. 

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