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Un Sorpresivo Heredero: Tyson Fury vs. Wladimir Klitschko

Fightland Blog

Por Mauricio Salvador

Fueron once horribles, aburridos y largos rounds los que Tyson Fury necesitó para convertirse en el nuevo campeón de los pesos pesados, en Düsseldorf, Alemania, frente a más de 40 mil espectadores. En el doceavo round Wladimir Klitschko pareció traducir finalmente en su cabeza algo de la urgencia que se le intentaba comunicar en su esquina desde varios rounds atrás y se lanzó en un fútil intento por noquear a su oponente. Creó un poco de drama, pero lo que nunca proyectó fue furia o siquiera deseo de mantener el campeonato de los pesados. Tyson Fury soportó esa última embestida y con ello se convirtió en el nuevo campeón indiscutible de los pesados con las tarjetas 115-112 (2) y 116-111. Ahora detenta los cinturones The Ring, FIB, OMB y AMB.

Aunque se trató de una pésima pelea, el evento en sí fue de enormes proporciones dada la trascendencia histórica que representó: la caída de un reinado de una década de duración, la primera derrota por decisión de Wladimir Klitschko, el fin al argumento de que Wlad debe ser considerado el mejor libra-por-libra del planeta y el inicio de una nueva era de pesos pesados sobre la que aún no tenemos datos suficientes y que, por el momento, incluye a Fury y a Deontay Wilder, dos personajes que de entrada representan un cambio a la seriedad de los hermanos Klitschko.

El hábito de dominar y ganar peleas mediante el clinch y el jab fue lo que llevó a Wladimir a quedarse sin herramientas ante un Fury que sólo necesitó, en efecto, negar el jab y el clinch del ucraniano. Desde el primer round Klitschko se mostró reticente a soltar la mano derecha, quizá porque nunca encontró la distancia que debía ajustar con su jab, quizá porque el movimiento y el contraataque de Fury lo volvió más prudente.

O puede ser que ésa fue la noche en que el ucraniano de 39 años finalmente envejeció, o la noche en que su deseo y ambición en el mundo del boxeo se le mostraron ya ajenos. Sólo él sabe en verdad lo que pasó. Lo cierto es que ninguno de los dos mostró una gran ofensiva. Durante doce rounds Fury apenas lanzó 371 golpes, con 86 conectados, una ridiculez sólo superada por los 18 golpes de poder, de un total de 231, que Klitschko pudo conectar sobre su oponente. Fuera de los números, lo que el espectador vio en el ring fue a dos peleadores con diferentes grados de confianza en sí mismos. Klitschko peleaba como si un sólo golpe fuera a arreglarle la pésima noche en que se encontraba mientras que Fury bajaba los brazos y cambiaba a la guardia zurda invitando a su oponente a arriesgarse. ¿Cuándo se ha visto eso en un retador? Y si bien no había mucho intercambio de golpes, tampoco era difícil dar los rounds a un Fury más certero y en control. Hacia el sexto round Fury llevaba una clara ventaja en puntos. Fue entonces que Johnathon Banks intentó hacer ver a Wlad que estaban en problemas y al salir con un poco más de decisión Klitschko se ganó dos tarjetas en el séptimo round y una en el octavo. Por supuesto no fue suficiente. Los últimos rounds Fury volvió a tomar el control de la pelea y a pesar de que el réferi Tony Weeks le descontó un punto por repetidos golpes de conejo, sólo un nocaut podía quitarle la victoria.

Ahora Fury debe ser reconocido como el campeón lineal de los pesos pesados, una suerte de familiar extraño heredero y depositario de una larga historia que incluye a grandes peleadores que protagonizaron grandes combates. Con 27 años es posible que Fury pueda darnos uno que otro gran combate. De su futuro no podemos saber nada con certeza. De lo que sí estamos seguros es que esta noche acabó una época, no con una explosión, sino con un susurro, como nos llega la luz de una brillante estrella hace mucho tiempo muerta.

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